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jueves, 4 de junio de 2009

Ciclovía dominguera ¿en peligro?


Por Oscar Fernando Sevillano, especial para Semana.com


BOGOTÁ
Los bogotanos ya han perdido dos vías arterias donde funcionaban estos maravillosos espacios de convivencia y recreación, la NQS y la 26. Con el avance del Transmilenio y del metro, la siguiente sacrificada puede ser la ciclovía de la Carrera Séptima.
Lunes 11 Mayo 2009


Arrancaron las obras de Transmilenio en la Avenida El Dorado y, así, de un plumazo, quedó eliminada una de las ciclovías domingueras más grandes y populares de Bogotá. Y a pesar del gran trastorno que sabía causaría a la recreación bogotana, el gobierno de la capital no diseñó con antelación un plan para poner a funcionar ciclovías alternas.

Los habitantes de los barrios Santa Fe, Cundinamarca, La Esmeralda, Ciudad Salitre, Quinta Paredes, y de varios otros en Fontibón y Engativá se quedaron sin su apreciada vía dominguera que para muchos era su único parque de recreación, velódromo, patinódromo, gimnasio, y lugar de encuentro familiar y social.

Además, como quedó interrumpido el paso de la carrera 24 sobre la Avenida El Dorado, se cortó un paseo frecuente de los ciclistas que desde Teusaquillo y barrios aledaños subían a la carrera Séptima a conectar con la ciclovía de esa arteria o bajaban a tomar la de la Avenida Boyacá.

Los habitantes de Teusaquillo reaccionaron molestos por la arbitraria medida y organizaron una campaña de recolección de 900 firmas solicitando la restitución de este espacio de recreación y deporte.

“Con la excusa del Transmilenio sobre la calle 26 no se pueden cerrar espacios, sin brindar alternativas”, dijo a Semana.com, María Fernando Rojas, Edil de Teusaquillo. Y como solución propone conectar la carrera 24 al anillo vial interno de la Universidad Nacional y, utilizando un pequeño espacio sobre la Calle 45, siguiendo al occidente, con la ciclovía de la carrera 50, brindaría la posibilidad de un circuito amplio que integre varios puntos de la localidad, incluido el Parque Simón Bolívar.

Las quejas de la comunidad de Teusaquillo y de la ciudadanía en general no son sólo por la falta de alternativas, sino también porque no han visto que las entidades a cargo promuevan una estrategia de comunicación que les permita conocer con anterioridad las decisiones que muy seguramente les van a afectar.

Los directivos del IDU, el IDRD y de la Secretaria de Movilidad aseguran que han puesto puntos de información para los ciudadanos sobre las medidas que se van a tomar.

Además, según dice Ángela Arenas, Subsecretaria de Servicios de Movilidad, están estudiando como ciclovías alternativas a la 26, habilitar la calle 63, y el eje carrera 43-Av. Américas, para que la gente pueda acceder a la ciclovía de la carrera 50 y tener acceso al Parque Simón Bolívar. Sin embargo, a estas alturas, cuando las obras de la 26 han empezado ya hace varias semanas, aún no se concreta una solución.

¿La de la Séptima también caerá?

Otra clásica de la cultura de los bogotanos es salir a andar por la larga ciclovía de la Carrera Séptima, que se extiende entre la Av. 1 de Mayo y la calle 116 por 16 kilómetros. Y quizás detenerse un rato a visitar un museo e ir a una función matutina en el centro de la ciudad.

Si se prolongara la fase III de Transmilenio por la carrera séptima, entre calles 26 y 200 o si los estudios de factibilidad del Sistema Metro incluyen una línea por esta vía, hay temor de que de nuevo, la ciclovía sea la sacrificada.

Ya sucedió en la Avenida NQS, también llamada por los bogotanos, la 30. La Alcaldía de Luis Eduardo Garzón la suprimió para darle paso al Transmilenio, sin otorgarle alternativas a la ciudadanía que se recreaba por esta vía en su tiempo libre los días domingos y festivos. Y si se repite la historia en la Séptima, la ciclovía de los domingos, una idea vanguardista que nació hace más de 30 años y que fue inspiradora de soluciones de recreación en otras ciudades del mundo, quedaría prácticamente en extinción.

El ex alcalde Enrique Peñalosa, creador del Transmilenio y a la vez gran impulsor de la recuperación de los espacios para los peatones como determinante en la calidad de vida urbana, dice que como la Fase III de TM lo dejará funcionando por la Décima y la 26 y las dos conectan con la Séptima, éste terminará prolongándose hacia esa Avenida. Sin embargo asegura que hay formas de preservar la ciclovía dominguera, aún con el Trasmi pasando por allí. Sugiere por ejemplo que se deje el carril para particulares que va de sur a norte, y se le den a los conductores alternativas por las carreras 11 y 13.

En el mismo sentido, el Concejal del Polo Democrático Alternativo, Antonio Sanguino, que considera que será necesario intervenir la Séptima pronto porque la congestión y la contaminación la están haciendo intransitable, propone ir pensando alternativas para la ciclovía dominical, como la carreras 11 desde la calle 100 hasta la calle 65 y desde allí, por la carrera la 13, hasta la calle 24 por donde se conectaría a la Séptima en el centro.
“Hoy a Bogotá se la identifica tanto por la ciclovía, como por el Transmilenio”, dice Sanguino. “Por eso no sería responsable ampliar el Transmilenio o hacer metro en detrimento de la ciclovía dominical, sino que hay que cuidarla y fortalecerla día a día”.

Su colega del Concejo, Carlo Baena, asegura que preocupa que se haya venido opacando el uso de la bicicleta y “sorprende que no se le den alternativas a los ciudadanos, ni se diseña una estrategia de comunicación fuerte para que toda Bogotá conozca las soluciones que se van a ofrecer”. Está convencido de que la ciclovía es un emblema de la ciudad y una estrategia eficaz para ofrecer recreación masiva a todos los ciudadanos, y no puede depender de partidos ni de preferencias políticas.

Baena dice que prueba de que el gobierno de Samuel Moreno no le está apostando a la bicicleta es que en el último borrador del proyecto del Sistema Integrado de Transporte Masivo para Bogotá se hable de todo, menos de la bicicleta como alternativa de transporte. El ex alcalde Jaime Castro va más allá, pues asegura que en lugar de eliminar avenidas para las ciclovías domingueras habría que ampliarlas para un mejor uso del tiempo libre y una mejor calidad de vida. “En eso es en lo que están pensando hoy los gobiernos de las grandes ciudades del mundo”.

Es innegable que Bogotá necesita con urgencia mejorar su movilidad y ofrecer a los ciudadanos un transporte más rápido y menos contaminante. Pero lo que se avance en esta materia para mejorar la calidad de vida de los bogotanos, no se puede hacer a costa de poner en riesgo un logro en la cultura de convivencia y en estímulo a hábitos saludables tan arraigado en la vida bogotana como es la ciclovía de los domingos y feriados. Sacrificarla sería un pecado imperdonable del gobierno de Moreno.

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